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¿Por qué pintaba el Greco esas figuras alargadas?

En 2014 se conmemora el cuarto aniversario de la muerte de Doménikos Theotokópoulos, El Greco, en concreto el 7 de abril.

Toledo, su ciudad de acogida a partir de 1577, honra a uno de los pintores más universales de la historia del arte. Pero  esas imágenes alargadas responden a un estilo, una escuela, un mensaje, o a un problema visual.

En torno al año 1912, durante una visita al Museo del Prado, un niño de nueve años preguntó a su padre por qué las figuras representadas por el Greco parecían estiradas. «¿Por qué sus cuadros no son como los otros?», planteó. Había transcurrido muy poco tiempo desde la publicación pionera de Manuel Bartolomé Cossío acerca del pintor, la Casa del Greco acababa de abrir sus puertas en la ciudad de Toledo y estaba muy próxima la conmemoración del tercer centenario de la muerte de Domenikos Theotokopoulos, así que la pregunta del pequeño era de rabiosa actualidad. Su padre, oculista de origen aragonés con cierto renombre en el Madrid de comienzos del siglo XX, se llamaba Germán Beritens y no dejó pasar la oportunidad de responder a la cuestión.

Con esta visita familiar al Museo del Prado comenzaba la proyección en España de la teoría del astigmatismo, uno de los mitos más enraizados en la construcción del Greco que fue realizada hace poco más de un siglo. La hipótesis de que el pintor tuviera problemas de visión llegó a convertirse en un auténtico fenómeno mediático -desarrollado a través de publicaciones, réplicas, contrarréplicas, conferencias y libelos-, transmitido con tal fuerza que poco tendría que envidiar a la publicidad viral que se difunde a través de Internet en nuestros días. Bien es cierto que algunos autores alemanes, comenzando por el historiador del arte Carl Justi (1832-1912), ya habían sugerido el tema con anterioridad (August Goldschmidt escribió sobre ello en 1911); incluso en España había ya quien empezaba a desarrollar especulaciones similares a las del oculista aragonés, como el crítico de arte Narciso Sentenach con ayuda de otro oftalmólogo, García del Mazo.

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Pero fue Germán Beritens Laclaustra, autor en 1913 de un libro tan significativamente titulado como Aberraciones del Greco científicamente consideradas (Librería de Fernando Fe, Madrid), quien gozó de mayor predicamento debido a una hábil e intensa campaña de publicaciones y conferencias. Entre ellas, una que tuvo lugar en la ciudad de Toledo el día 2 de abril de 1914, en plena conmemoración del tercer centenario de la muerte del pintor. Especialistas como José Álvarez Lopera y Eric Storm han estudiado tanto la difusión de los postulados de este oftalmólogo como las críticas que, ya desde un primer momento, le dirigieron algunos de sus colegas españoles e internacionales.

Todo comenzó con un pequeño artículo de apenas doce páginas, publicado el 1 de noviembre de 1912 en la revista madrileña de divulgación Por esos mundos. Beritens, quien reconocía haber levantado su teoría «sin separarse nunca de la idea del defecto de la visión» que supuestamente sufría el Greco, atribuyó al astigmatismo su costumbre de alargar las figuras, sin plantearse que este hábito obedecía más bien a motivos estéticos y que era compartido por numerosos artistas que también vivieron en el siglo XVI, como Parmigianino (1503-1540) y Rosso Fiorentino (1494-1540), entre otros pintores y escultores italianos. También fue costumbre de moda en Francia a través de los pintores de la primera Escuela de Fontainebleau.

El oculista aragonés, que también achacaba a problemas retinianos la propensión a romper «la línea perfecta de separación entre un color y otro» a través de sus pinceladas, planteaba que el problema de visión del Greco debió de haber sido progresivo, inexistente durante su época italiana (el ejemplo más evidente de que no siempre las distorsionó eran las figuras de San Mauricio y la Legión Tebana) y acentuado tras pasar algunos años en Toledo.

Beritens llegó a clasificar las pinturas del Greco como «poco defectuosas, defectuosas y muy defectuosas», conforme iba desarrollándose en él la supuesta patología. «Para terminar, diré solamente que si el Greco hubiera vivido en nuestra época y antes de coger la paleta se hubiera pasado por una clínica de oftalmología, hubiera pintado correctísimamente y sin los sinsabores con que pintó».

Lejos de retractarse después de esta crítica, el oculista aragonés le replicó cargándose de razones, reforzando sus planteamientos con teorías ópticas y experimentos como la comparativa que es posible apreciar sobre estas líneas a partir del Caballero de la mano en el pecho.

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La respuesta a su teoría tardó apenas dos meses en llegar. Otro doctor, R. Pereiro Jáuregui, replicó en la misma revista poniendo interrogantes al título que había redactado Beritens -‘Por qué el Greco pintó como pintó’-, planteando sus dudas y apuntando más a «la psicología del arte» para comprender la manera de pintar que tuvo el Greco.

Beritens sometió a la acción de diferentes lentes reproducciones de la pintura, recreando lo que él denominaba «astigmatismo artificial». El resultado de cómo habría sido la mirada del Greco de no haber sufrido la disfunción visual sería plasmado en fotografías que, reproducidas en todo tipo de publicaciones, causaron un gran impacto en la sociedad de los años diez.

Autores como Fernández Balbuena (desde Gijón) y Gustavo Bersa (de Barcelona) responderían de nuevo a Germán Beritens, así como T. Belloso, entre otros. La mayoría de sus detractores (también tuvo voces a favor, entre ellas algunas tan respetables como la del historiador y crítico de arte Elías Tormo) fueron, a su vez, respondidos por el incansable oculista, que lamentaba que resultase tan difícil acceder a la mayor parte de las pinturas del Greco (muchas de ellas todavía en el interior de recintos religiosos) para comprobar sus teorías.

El propio Azorín participó en el debate desde las páginas de ABC, planteando que la teoría del astigmatismo no era la única hipótesis que había sido planteada sobre la manera de pintar del artista, sino también el desequilibrio mental, al cual dedicaremos el siguiente reportaje. El escritor consideró los textos de Beritens dignos de ser leídos, pero no dio validez a sus presupuestos.

En palabras de Eric Storm, autor de El descubrimiento del Greco (Centro de Estudios Europa Hispánica, 2011), «el debate iniciado por el oculista se convirtió en poco tiempo en un debate nacional entre médicos, historiadores del arte, hombres de letras y artistas». También surgieron voces, a favor y en contra, en el extranjero. Beritens se jubiló tras una exitosa carrera. El hombre que expresó que el Greco, «con un par de cristales (gafas), se hubiera curado».

 

Fuente: La Tribuna de Toledo.es (art: La teoría del astigmatismo también es centenaria – Domingo 19 de enero de 2014)